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jueves, septiembre 26, 2013

ENREDADOS


El desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) está alterando nuestras vidas y entorno, tanto, que la red amenaza con convertirse en un bien de primera necesidad.

 

Abre el correo mientras contesta los WhatsApps de la noche anterior, revisa las noticias del día y retuitea un post de su blog preferido. Apura la taza de café y sale corriendo hacia el trabajo. Twitter, Facebook y Linkedin son sus compañeros de viaje en el metro. Así son las primeras horas del día de muchos de los 19 millones de usuarios de Internet que hay en España. La tecnología, las redes, han cambiado no sólo nuestros hábitos matutinos sino que han llegado mucho más allá. Las TIC han alcanzado las administraciones, han modificado las empresas y a los consumidores, han impulsado el desarrollo económico; pero sobre todo han alterado nuestra forma de ver el mundo y han influido en nuestras vidas.

¿Para qué usamos la red? Los cuatro fines más comunes son los de mandar o recibir correos electrónicos, buscar información sobre bienes y servicios, leer o descargar información de diarios y revistas online, e interactuar en las redes sociales.


Búsqueda de información
Acceder a la información en un medio en línea implica comodidades como no mancharse las manos, escuchar las noticias en un podcast cuando se desee, compartirlas con un amigo, comentar aquello que nos parezca más interesante y, sobre todo, enterarse de lo que ocurre casi en el mismo momento.

Según un estudio del Instituto de Periodismo Reynols, los usuarios de Ipad son los más interesados en consumir noticias y también los que dedican más tiempo a informarse; un 84% lo emplea con este fin.

La conexión a través de los dispositivos móviles está adquiriendo una relevancia especial, y el acceso mediante estos soportes es cada vez más rápido. Respecto a esta cuestión, la consultora Comscore mantiene que España es el país europeo con mayor penetración de smartphones; 7 de cada 10 personas que tienen un móvil disponen de Internet en su terminal.
Estos progresos suponen una serie de cambios en el modelo empresarial de sectores como el de la comunicación, directamente afectado, pero también de muchos otros.


Los periodistas se han visto a obligados a reinventarse. No sólo porque han de conocer las distintas herramientas y redes que surgen y cambian con mucha frecuencia, sino porque deben cuidar su imagen digital, es decir, lo que y se dice de ellos en la red y sus interacciones con un público que ha dejado de ser pasivo y que ahora participa y hasta genera información. En torno a esta cuestión se han creado nuevos perfiles profesionales, como el de maquetador web, community manager o el content curator (asesor de los contenidos más importantes para un sector), este último más reciente.

Las TIC son, además, muy útiles para contrastar sus fuentes y verificar datos, para conectar y distribuir la información, y para entender a su audiencia. Pues como afirmaba recientemente John Pathon, fundador de Digital First Media “¿Cómo vas a entender a tu público si no interactúas con él?”.

A pesar del gran abanico de posibilidades que ofrecen, algunos sectores del Periodismo recelan de estas tecnologías. Su miedo está motivado por el mal llamado periodismo ciudadano, por la “infoxicación” (la red está saturada de información) y por el nacimiento de plataformas como Newsmodo. Estas se emplean para la compra-venta de contenidos periodísticos que han elaborado periodistas freelance, y, aunque parecen una buena oportunidad tanto para profesionales en paro como para los medios para reducir sus costes, plantean dudas sobre la conversión de las noticias en una mercancía y sobre la veracidad de las mismas.

Administración y empresas
El mundo de las comunicaciones no es el único sector que las TIC están cambiando. La administración pública invierte actualmente 1.345.818 euros en ellas, una cuantía ciertamente menor que la de 2008, que fue de 1.947.000 euros aproximadamente. Ahora bien, los números del informe IRIA y de los presupuestos para Tecnologías de la Información y Comunicaciones (ambos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas) no coinciden. 

La DGT ha puesto en funcionamiento una app para Android que permite sortear atascos, recordar límites de velocidad y localizar gasolineras. Se emplean para potenciar el turismo rural, como recurso en las aulas, etcétera.

Las empresas españolas también apuestan por la red. Según el INE, aunque un escaso 12,2% emplea el comercio electrónico, un 67% tiene página web y hasta el 97% dispone de email y conexión a Internet. Además, la Asociación de Directivos Dircom ha descubierto este mismo mes que el 91% de las empresas que participó en su informe tiene un departamento específico de comunicación.

El interés de las compañías por influir en estas plataformas, por conocer y comunicarse con su público (un consumidor activo que se relaciona directamente con la marca, el prosumer) ha aumentado. Las TIC refuerzan la imagen de la empresa, mejoran el posicionamiento en buscadores y las apariciones en prensa, y reducen costes en atención al cliente. Y no es de extrañar, porque la Universidad de California ha descubierto que un post se recuerda mejor que una cara. ¿El motivo? que evocamos con mayor facilidad aquel contenido escrito de manera espontánea y natural que otro editado porque su formato está “preparado para la mente”. No es de extrañar entonces que las compañías se muestren dispuestas a invertir en este tipo de comunicación corporativa.


Influencia social
Además de en todos estos aspectos que han ido alterando nuestra sociedad, las TIC han influido sobre todo en sus integrantes, en las personas y sus comportamientos.


Un trabajo del instituto de estudios sociológicos Pew Internet & American Life publicado en 2010 afirmaba ya que las sociedades virtuales son muy útiles a la hora de desarrollar lazos afectivos débiles, de interés, y un medio excelente para mantener y reforzar aquellos lazos fuertes que ya existen a partir de una relación física. En torno a esta última cuestión, investigadores de la Universidad de Ohio (EEUU) han descubierto que estas comunidades ayudan a las madres que acaban de dar a luz a mantener sus relaciones, y que hasta un 44% las usa más después del parto.

Las sociedades virtuales poseen otro tipo de lógica, son redes de afinidades, comunidades personales basadas en los intereses individuales, que superan los límites físicos y que están transformando la sociabilidad, privatizándola. Existe un gran elenco de estas comunidades, las hay locales (Wamba, Keteke, Tuenti), mundiales (Facebook, MySpace), para niños (Webkinz, Club Penguin), famosos y ricos (Asmallwall), o incluso otras cuyas protagonistas son, sin saberlo, las mascotas de los usuarios. Ejemplo de estas últimas son Vivapets o Dogbook.

Pero ¿cuáles son las que tienen más éxito? Facebook se mantiene a la cabeza con más de mil millones de usuarios. Le siguen Youtube y Twitter. Esta última es también la que más ha crecido durante el último año.

Otros usos
Las redes sociales no solo permiten establecer vínculos personales sino que su utilidad para encontrar empleo es indiscutible, tanto, que se han sumado rápidamente a los tradicionales portales de búsqueda de trabajo. Linkedin, una red de contactos laborales, permite a los candidatos subir su currículum online, encontrar compañeros de trabajo, solicitar una recomendación, etcétera. Pero también hay otras que, a pesar de no ser profesionales, permiten seguir distintos canales de empleo y encontrar las ofertas con mayor facilidad y rapidez. Es el caso de Twitter. Esta última es además la plataforma más usada para protestar. Su limitación de caracteres facilita los mensajes directos, concisos y eficaces.


Las TIC son un instrumento al servicio del ciudadano para denunciar la mala práctica política y demandar mejoras sociales.
La primavera árabe, el 15M, la inversión propagandística en Facebook que realizó Obama para su campaña electoral o las manifestaciones contra las FARC posteriores a la liberación de Ingrid Betancourt ilustran su enorme capacidad de movilización. Sin embargo, y según un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, esta movilización “virtual” es rápida pero limitada, pues no sólo es importante que los usuarios que participen tengan muchos contactos y lazos sociales sino que han de hacer circular la información de un modo eficaz.


A pesar de su evidente utilidad, las Tecnologías de la Información y la Comunicación pueden precipitar ciertos problemas en ámbitos tan íntimos como el de la pareja, y hasta desórdenes psicológicos.

Sobre esta cuestión, Telefónica facilitó a principios de mes datos escalofriantes en su informe La sociedad de la información: ocho de cada diez internautas prefieren tener conexión a la red que pareja, y que las comunicaciones diarias mediante las redes sociales superan a las que se realizan en persona. Las cifras ponen de manifiesto una sociedad marcada por las nuevas tecnologías que impulsa a sus integrantes a estar conectados en todo momento. Es entonces cuando la inmediatez se presenta como un problema. Los “toques”, “me gusta” o tuits son miguitas de pan que se lanzan a las relaciones. Pero no alimentan, enganchan, y hacen de los usuarios consumidores ansiosos de emociones; unas emociones que demandan mediante las tecnologías.

Las conclusiones de una investigación de la Universidad de Granada reafirman lo dicho. Sus resultados indican que el 8% de los universitarios españoles sufre nomofobia, es decir, es adicto al móvil. Esta dependencia está más ligada a los contenidos de Internet, a los que acceden a través de los teléfonos inteligentes, que a la comunicación en sí misma. 

Y en este punto nos encontramos con una gran paradoja, pues España dispone de una de las conexiones más lentas y caras de la Unión Europea. Ahora bien, los 18 millones de smartphones de nuestro país y los 12 millones de personas que usan diariamente aplicaciones parecen indicar que a nuestros internautas no les importa.

Los celos, el espionaje, la difusión de cotilleos, o el bullyng en las comunidades virtuales son otros de los problemas que se reflejan en Internet y que ahora forman parte de nuestra actualidad informativa.



Los titulares afirman que el 60% de las mujeres espía a su pareja en Facebook, que los hombres quieren parecer más inteligentes en la red; y dan a conocer aplicaciones como Qoqoriqo para detectar infidelidades. Todos esto hace replantearse el uso de estas tecnologías.

También lo cuestionan las violaciones a la Ley de protección de datos o la dificultad a la hora de “desaparecer” de la red. La privacidad y la intimidad del internauta son derechos básicos, pero también lo es la seguridad. La actual jurisdicción permite modelos legislativos intrusivos en torno a esta cuestión. ¿El motivo? la persecución de las descargas ilegales, violaciones de la propiedad intelectual e indicios criminales.

La disyuntiva entre privacidad y seguridad es compleja, pues la mínima acción deja rastro en la red. “Pinchar” en un “me gusta” de Facebook revela datos de la personalidad según un artículo publicado en la revista científica PNAS. Incluso permite distinguir la tendencia sexual o la política con un 88% y 85% de acierto respectivamente.

La protección del navegante puede verse afectada también por un uso confiado de la red, por conexiones Wi Fi poco seguras, contraseñas demasiado sencillas y similares. Facilitar el número de teléfono, emplear la misma clave para distintas cuentas de correo electrónico son algunas prácticas que deben evitarse. También se ha de desconfiar de los chollos, de los virus de la falsa policía, de los e-mails falsos de los bancos; e instalarse en el ordenador antivirus, antispyware y cortafuegos. Aún así, el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación estima que el 15,3% de los hogares españoles no tiene o desconoce si tiene su conexión Wi Fi protegida. La teleco española Gowex calcula que más del 82% del tráfico desde los smartphones se realiza mediante una conexión de este tipo, frente al 18% de la 3G.

A pesar de los citados inconvenientes lo cierto es que nos encontramos en la era de la información, donde lo digital, la tecnología y las comunicaciones suponen un eje en torno al que giran muchos de los asuntos de nuestra sociedad.

Futuro
Vaticinar cuál es el futuro de las TIC es una tarea ardua y atrevida. Sin embargo ciertos datos y usos actuales lo insinúan:
En la Unión Europea el sector representa el 6% del empleo, y España sigue la misma tendencia, pues crece frente al de la agricultura o la industria. La apuesta empresarial por estas tecnologías lo facilita, y fomenta la emersión de nuevas profesiones.

Un análisis sobre comercio electrónico de EMarketer asevera que en nuestro país hay 14¨5 millones de personas que compran por Internet, y que esta cantidad crecerá hasta los 19´9 millones en cuatro años. El mismo organismo prevé que el gasto en publicidad en el vídeo online aumentará un 38% solo este año. El motivo: las audiencias de vídeos en los móviles crecen a pasos agigantados y las agencias y anunciantes recurren a él porque permite segmentarlas y ofrece un alto retorno de la inversión.

También se espera que la nube esté consolidada el 2015, y que ese año el porcentaje de administraciones públicas y compañías que utilice el cloud computing sea superior al 90%.
Respecto a las conexiones, la empresa española de telecomunicaciones Gowex, prevé que el uso de la red Wi Fi llegará a 24 millones de internautas el año que viene. Ahora bien, el desembarco de las redes móviles de cuarta generación (4G) será ya una realidad al alcance de todos a finales de este mismo año.

Hay expertos que van más allá y aseguran que la red del futuro será más interactiva y en tres dimensiones. Es el caso de Joan Arnedo y David Masip, dos profesores de los estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya, pionera en el mundo en el uso de las TIC en educación. Arnedo, además, afirma que dentro de unos años “Internet no será una comodidad o un lujo, sino algo de primera necesidad”. Y vistos los datos no parece ir desencaminado.

Lo cierto y lo obvio es que las TIC se desarrollarán en función del uso que de ellas hagamos; un uso correcto o incorrecto que conllevará sin duda más cambios sociales, pero que por supuesto no dejará de estar en nuestras manos.